miércoles, 27 de agosto de 2014

Caterina, el País de los gusanos

Doña Rosa se levantó aquel lunes y luego de desayunar con su marido, y que este se fuera a trabajar, se dispuso a ocuparse de los quehaceres cotidianos.
Fue al mercado y realizó las compras diarias, pasó por la feria y compró también algunas verduras.
De vuelta en su casa, se dispuso a ordenar los víveres en la heladera.
Luego de limpiar la casa como era su costumbre, se dispuso a preparar el almuerzo para su marido, que venía todos los días a almorzar con ella para luego volver al trabajo.
Seleccionó las verduras que iba a utilizar, y guardó el resto nuevamente en la heladera.
Era uno de esos días de verano, donde usualmente se corta la luz al mediodía, ya que las empresas para no arriesgar a quemar sus grandes equipos, por las altas temperaturas, los apagaban en distintas zonas a modo de precaución.
Ese día en el mercado doña Rosa había comprado pescado para la noche y carne para el mediodía.
Como pensaba usar el pescado esa misma noche, no lo guardo en el freezer, sino que lo dejó en la puerta de la heladera.
Luego de su día ocupado en los quehaceres de la casa, a las 5 de la tarde volvieron sus hijos de la escuela.
Martín, el más grande de los dos, fue a buscar la leche a la heladera, y sintió el olor del pescado muy fuerte, y cerro de inmediato la puerta.
Llamo a su hermano menor, Joaquín, y le dijo, ¿quieres ir tu a buscar la leche? Creo que ya has crecido lo suficiente y puedes alcanzar el estante de la heladera donde guardamos la leche.
Joaquín se alegró de la confianza que su hermano mayor, su héroe, depositaba en él y corrió a la heladera. Al abrir la puerta, el nauseabundo olor, lo obligo a cerrarla con fuerza y correr llorando hacia su madre.
Su madre al verlo, una vez que lo calmó, llamó a Martín y lo envió al mercado a comprar leche nueva.
Pasaron los días y nadie quería abrir la puerta de la heladera. Tanto es así que uno de esos días donde se corta la luz al mediodía, y vuelve a la tarde, cuando volvió la luz, la heladera se quemó.
Todos los alimentos se fueron pudriendo, primero el pescado, luego las verduras, y así, continuó el proceso natural de descomposición de todo lo orgánico.
Con el tiempo, El marido de doña Rosa, compró otra heladera, y llevaron la heladera vieja al patio. Nunca la abrieron por miedo al olor.
Allí quedó la heladera, por días y noches, a la intemperie, sufriendo lluvias, vientos, y todas las condiciones climáticas posibles a través de los años.
Con el tiempo, los burletes de la puerta se fueron estropeando, y los alimentos putrefactos comenzaron a generar vidas, esos microorganismos que nacen de los hongos, y demás putrefacciones.
Luego fueron apareciendo gusanos, y la vida dentro de la heladera se abriendo paso a través de los estantes.
Distintas comunidades se fueron formando, para organizar la sociedad dentro del mundo delimitado por las cuatro paredes de metal.
Pasó el tiempo, y empezaron las guerras internas por los territorios, ya que estaban limitados, y ya no había lugar para todos.
Pronto se dieron cuenta, que las guerras, no tenían sentido, ya que de cada muerto, del enemigo, nacían más soldados, y cada vez había menos lugar.
Fue así que los jefes de los partidos se juntaron para resolver la cuestión, y llegaron a la conclusión, que la única manera era salir a conquistar otros mundos.
Fue así como decidieron organizar varios equipos, y que cada uno tenga la misión de encontrar otro planeta para habitar.
Los más audaces y valientes se presentaron como voluntarios.
Cada equipo viajó hasta los burletes, y logró salir al espacio exterior. Algunos murieron en el intento y generaron pequeñas colonias, que luego fueron usadas de reabastecimiento por las siguientes expediciones.
Fue así como algunas de ellas, lograron alcanzar la nueva heladera de doña Rosa.
El marido de doña Rosa, al ver que su casa se llenaba de podredumbre, llevó a su familia a la casa de sus padres, y contrató a un fumigador que le recomendaron.
Mientras que la familia, vivió por un tiempo en la casa de los abuelos, el fumigador debía exterminar la peste.
Pero, el fumigador, en lugar de realizar su trabajo, sabiendo que nadie iría a controlarlo, tomo el dinero que le había adelantado el marido, y se fue de vacaciones con su familia.
Poco pasó para que la podredumbre colonizara todo el barrio. Y así fue como luego se extendió a todos lados.
La pobre doña Rosa, se fue mudando con su familia, de un lugar al otro, buscando tierras limpias, donde no los alcanzara la podredumbre, pero no aprendieron de su error, y volvieron a dejar otras heladeras en los patios con pescado podrido adentro.
Y así miles de colonias de gusanos evolucionaron, y evolucionaron, a través de los años, hasta que un buen día fueron tan grandes que se vistieron de humanos.
Así se infiltraron entre todos los humanos y lograron alcanzar altas esferas del poder. Una vez allí le enseñaron a doña Rosa que estaba bien dejar podrir la comida y no limpiar la heladera.
Doña Rosa se sentía culpable, por lo que había hecho, pero gracias a las enseñanzas de estos políticos, cada vez fue olvidando la culpa, y se empezó a sentir bien consigo misma.
Poco a poco, se sentía mejor, y se acostumbraba a vivir entre la podredumbre, y comer manzanas podridas, y tirar la mugre al piso, total ya estaba todo sucio.
Y así su familia, y sus vecinos y vecinas, siguieron su ejemplo.
Mientras tanto en la casa de gobierno, los Gusanos evolucionados, se reían del pueblo que vivía en la mugre y generaba más colonias de sus semejantes.
Así fue como los gusanos colonizaron el país entero. Hoy el país es la colonia de gusanos más grandes del mundo, y dominan absolutamente todo.
La prima de doña Rosa, se había ido a vivir al extranjero, en los años de su juventud, y siempre se escribían con doña Rosa, contándose los percances de la vida diaria.
Aquella prima se llamaba doña María, y tuvo dos hijos, Juan y Emilio.
Hoy Juan ya grande, sentado en el jardín de su casa, les cuenta a sus nietos esta historia, para que aprendan que siempre que vean algo podrido, aunque huela feo, lo tienen que limpiar.
En su relato, mucho más detallado que el mío, profundiza un poco más sobre las distintas generaciones de gusanos que fueron dominando aquel pobre país.
Dice él, que en sus principios, había dos grupos principales, Unitarios y Federales. Luego con el tiempo se pasaron a llamar, Justicialistas y Radicales.
Luego dice que hubo un gusano que los dirigió por mucho tiempo y se llamó Manzanón.
Cuenta entre sus relatos, que luego que Manzanón tenía una amante, Cebita, y que con ella tuvo dos hijos Questor y Sibrina.
Hoy Questor se secó, pero Sibrina sigue haciendo de las suyas, y piensa seguir pudriendo el país.

Mario Daniel Pipieri

27 de agosto de 2014