sábado, 18 de julio de 2009

El piso se movió y no estuve fumando

Años de historia, malas y buenas hemos pasado, buscando ese no se qué de la vida,
que haga que valga la pena.

La vida nos dio sorpresas, pero seguimos adelante, y descubrimos un lugar,
donde la gente te deja entrar en sus vidas, donde compartís muy buenos momentos,
donde la posibilidad de encontrar ese algo, se multiplica.
Un lugar donde también sino sabemos elegir, podemos cometer el peor error de nuestras vidas.

Pero es más fácil encontrar a alguien con valores, con las mejores intensiones,
alguien que está en la misma que vos, alguien que también está buscando,
aunque sea inconscientemente, ser feliz.

Rápidamente hacemos amigos de fierro, no es difícil, la calidad de las personas es altísima, y disfrutamos cada momento tanto, que no lo arriesgamos por nada,
que cuidamos eso que encontramos, ese nuevo pilar en nuestras vidas,
que nos sostiene la mano día a día.

Algunos, toman el lugar como una proveduría, para llenar el almacén de las conquistas, para satisfacer un vacío, pero no se dan cuenta,
que tarde o temprano, ese vacío va a seguir ahí.

Hasta el día que descubras a esa persona, ese ser que pasó por lo mismo que vos,
que se nutrió de buenas y malas a lo largo de la vida, que quiere ser feliz, que está contento por lo que logró acá, pero que aun siente que le falta algo,
algo que quizás está ahí, adelante de sus ojos, y sin embargo no lo ve, está ciego, por el miedo, por los rechazos, por el autoestima.

Yo fui uno más, uno que no creía que era posible.

Uno a quien la vida le pegó una y otra vez, pero que inconscientemente siempre buscó ese algo más.

Aún cuando no lo creyera, aún cuando la lógica decía no.

Me equivoqué muchas veces en la vida, y aposté erróneamente, aposté por la razón
y lentamente fui matando el corazón.

Fue justo cuando ya no quedaba vida, cuando el corazón quería dejar de latir,
cuando dos ojos preciosos, una sonrisa permanente, calidad inmensurable, amistad desinteresada, simpatía inigualable, belleza inmaculada, tanto en el interior como en el exterior, formaban un shock de miles de voltios, que se descargó sobre mi pecho,
que le devolvió la vida a mi corazón, un shock que apagó por completo la razón.

Me convertí en lo que nunca creí que existía, comprendí que hay algo más allá,
algo que nos mueve sin razón, algo que de solo sentirlo nos llena de vida,
algo que me mueve a arriesgar todo, mi pilar en la vida, mi lugar de alegría,
el lugar donde me olvido de los problemas, el lugar donde soy casi feliz.

Algo por lo que vale la pena, incluso morir, incluso sufrir por hacerte feliz.
Vos que me provocás eso, vos, que me devolviste, la vida, me devolviste las esperanzas, me hiciste conocer, sin saberlo, sin darte cuenta, lo que es el amor, lo que es querer dar la vida por otra persona, lo que es ser un tonto enamorado, lo que significa el amor.

A vos que me hiciste volver a creer, a vos que le diste un significado a mi vida, y aún no lo sabes, a vos te digo, gracias, gracias por hacerme sentir así, no importa, si no logro devolverte todo eso, no importa, si no soy lo que vos necesitas, no importa si jamás tengo un beso tuyo, no importa si solo seré un amigo para vos,
me devolviste la vida, y estoy eternamente agradecido.

Quiero, darte todo eso y mucho más, ojalá sea yo tu vida, como vos la mía, ojalá compartamos este sentimiento, que me quema las venas, este sentir que me acelera el corazón cuando te veo, ojala pueda iluminar tu vida, como lo haces cada día,
cuando me miras con esa dulzura infinita.

Gracias por lo que me diste hasta hoy, ojalá pueda devolverte algo de todo eso,
ojala, puedas unirte a volar, como lo estoy haciendo yo, ojala, me lleves de la mano y no me dejes caer, porque me haces volar muy alto, me olvidé que existe el suelo,
y si no me tomas de la mano, voy a caer en picada hasta el infierno.

Mario Daniel Pipieri, Jueves 16 de Julio de 2009