jueves, 11 de octubre de 2007

Una mañana típica

"Entre sueños escucho el ringtone de alarma en el celular. Una ducha rápida me trae a la realidad, mientras la tele me cuenta del clima, me tomo un café instantáneo y busco monedas para el tren. Celular, documentos, mis llaves, ¿donde dejé las llaves?.

Camino unas cuadras hasta la estación de Morón. Diez minutos para sacar boleto, otros diez minutos esperando el próximo tren. Mientras va llegando veo las masas amontonándose sobre el borde del andén, escucho un grito agudo, una mujer aúlla al son de me robaron, me robaron, y veo de reflejo al “pibe” trepando la alambrada como aquel que cruza la frontera escapando de la ley. Para cuando desaparece, la mujer está llorando y contándole al de seguridad lo ocurrido.

Para cuando me doy cuenta, como si tuviera vida propia, el montón de “gente”, me “metió” al tren, sin menor esfuerzo por mi parte. Me alejo pensando en lo ocurrido, palpando la billetera, el celular, viendo que todo esté en orden.

Entre la presión escucho el ringtone de los mensajes. Alcanzo a sacar el celular del bolsillo, y lo miro desde arriba, no hay espacio para levantar el brazo. Mi amigo pregunta si ya subí, si nos encontramos en ramos.

Mi respuesta simple, con el pulgar de la mano izquierda, dice, s n 5. En lenguaje sms significa si, en 5 llego.

Para en la estación de haedo, se escucha del fondo en tono irónico, pasen pasen que hay lugar, mientras la presión aumenta. Para en ramos y mi amigo sube a duras penas. Nos separan diez personas, pero la distancia no alcanza a un metro.

Sufrimos hasta Liniers donde gran parte baja, y se acerca mi amigo a saludar.

Hablamos del partido de ayer, la minita que esta sentada a cuatro asientos, la vieja que se baña en perfume con aroma a Poet. De pronto la expresión en la cara de mi amigo, me avisa, que no respire por unos segundos, alguien anda con fugas.

Treinta minutos después llegamos a once, respiramos aire fresco por unos minutos, mientras caminamos hasta la estación del subte.